Había oído mucho y bueno de los Avellanos, pero todo se ha quedado corto en comparación con la realidad. Totalmente maravilloso el restaurante en sí, el trato próximo y encantador de todos los que allí nos atendieron y espectacular el menú degustación que tomamos los cuatro que fuimos, vale mucho más de lo que cuesta. Muchas gracias, mereció la pena el viaje. Esperamos volver y gozar de nuevo. Un saludo de Alfonso, Mar, Alicia y Juanjo.
Los Avellanos en Tanos, Cantabria, es uno de los restaurantes en los que más he disfrutado en los últimos años, aunque ha experimentado algunos cambios desde o para la obtención de la codiciada estrella. El local ha perdido la personalidad inicial que ha sustituido por una decoración fría, de diseño urbano, excepcionalmente rota por una pequeña figura escondida de San Pancracio sobre pared de cristal lila. El menú gastronómico sigue siendo muy parecido al que ya tomé hace un tiempo, aunque ha perdido actualidad su melosa de ternera, a cambio sigue teniendo un precio muy ajustado y una buena calidad. El reconocido y bien confeccionado hojaldre de perdiz y foie se sirvió, a mi gusto, frío. El servicio de Jesús de Diego y su equipo sigue siendo cálido, afable y bueno y su carta de vinos es más que apreciable con muy buenas sugerencias. Muy acertada, y ampliamente a imitar, su apuesta por las nuevas tecnologías para la confirmación de reserva y para agradecer la visita.
Había oído mucho y bueno de los Avellanos, pero todo se ha quedado corto en comparación con la realidad. Totalmente maravilloso el restaurante en sí, el trato próximo y encantador de todos los que allí nos atendieron y espectacular el menú degustación que tomamos los cuatro que fuimos, vale mucho más de lo que cuesta. Muchas gracias, mereció la pena el viaje. Esperamos volver y gozar de nuevo. Un saludo de Alfonso, Mar, Alicia y Juanjo.
Los Avellanos en Tanos, Cantabria, es uno de los restaurantes en los que más he disfrutado en los últimos años, aunque ha experimentado algunos cambios desde o para la obtención de la codiciada estrella. El local ha perdido la personalidad inicial que ha sustituido por una decoración fría, de diseño urbano, excepcionalmente rota por una pequeña figura escondida de San Pancracio sobre pared de cristal lila. El menú gastronómico sigue siendo muy parecido al que ya tomé hace un tiempo, aunque ha perdido actualidad su melosa de ternera, a cambio sigue teniendo un precio muy ajustado y una buena calidad. El reconocido y bien confeccionado hojaldre de perdiz y foie se sirvió, a mi gusto, frío. El servicio de Jesús de Diego y su equipo sigue siendo cálido, afable y bueno y su carta de vinos es más que apreciable con muy buenas sugerencias. Muy acertada, y ampliamente a imitar, su apuesta por las nuevas tecnologías para la confirmación de reserva y para agradecer la visita.